Tenia tiempo con ganas de esto, mis pensamientos y yo, tirados sin preocupaciones en el pasto del patio frontal, era un lindo día, considerando que mi definición de buen día es un día nublado. Últimamente no tengo días como estos, tranquilos, sola, sin preocupaciones. Esta comenzando a llover, sentir las gotas en mi rostro y piel, es la mejor sensación desde... esta sensación de verdad me relaja, no creo que llueva mas, ademas creo que me estoy quedando dormida.
-¡Estefania!, ¿Que sucedió?
Esa voz, yo la conozco muy bien. Pero no tengo fuerzas para confirmar si es el. Apenas y abro mis ojos para verlo correr hacia mi, no se cuanto tiempo me quede dormida pero ahora noto que estoy en el pasto boca arriba justo a la mitad de una tormenta.
-¿Estas bien?- me pregunta con su típica voz de exageración. Pero sinceramente no tengo la mínima energía para contestar, solo me limito a fijar mis ojos a los suyos. Mi Daniel y su complejo sobre protector.
-¡Adrian!, ¿Donde esta tu mamá?
-Salio con mi abuela a pasar el fin de semana con nuestro tío.- Contesto mi primo Adrian tan tranquilo como siempre.
No me di cuenta, pero un segundo después Daniel me tenia en sus brazos levantándome del pasto mojado, apenas y pude rodear mis brazos en su cuello. Entramos a la casa y rápidamente sube las escaleras al baño del segundo piso. De reojo logro ver a mi primo siguiéndolo con una expresión muy rara, creo que no sabe lo que esta pasando y no suele ser muy expresivo realmente así que no estoy segura si nos ve a nosotros o esta solo caminando y haciendo las cosas por mera costumbre.
-¿Que estas haciendo Daniel?.- Pregunta mi primo, ahora con una voz de asombro al ver que Daniel se disponía a quitar mi ropa mojada.
-Pues alguien tiene que quitarle la ropa mojada y meterla a bañar o se va a enfermar, y tu y yo sabemos que eso solo empeora las cosas.
-Pero yo soy su primo, debería hacerlo yo.
No puedo creer la conversación que estoy escuchando, aunque la idea de que alguien que no sea yo misma me bañe me parece incomoda, la idea de que mi primo lo haga me parece intolerable.
-Andres, deja que Daniel lo haga, seria mas vergonzoso que lo hicieras tu.- Dije con la poca energía que aun tenia.
-Esta bien.- Refuto mi primo, al tiempo que cerraba la puerta del baño para darnos ¿privacidad?
No es que me encante el hecho de estar frente a Daniel sin ropa, pero hace 5 meses nos vimos en una situación parecida, claro yo tenia un poco mas de color en la piel y mas grasa corporal, ahora hasta mi reflejo me parece extraño. Sus manos se mueven con mucha calma y cuidado, no tengo el valor suficiente para mirarlo mientras me quita mi ropa, al tiempo que lo hace recuerdo nuestro encuentro pasado, ese día deje junto a mis pantalones también mis miedos y complejos en el suelo, recordé su expresión de niño frente a un preciado tesoro, ahora su rostro refleja preocupación, o frustración. Ya que me despojo de mi ropa mojada me sienta sobre la taza del baño, mientras el regula la temperatura de la regadera y acomoda la silla que tiene un mes dentro de la regadera, un mes desde que no puedo bañarme parada, a mis 23 años y no puedo realizar esta tarea sola.
-El agua esta tibia.- Se limito a decir con un tono muy neutral de voz, ese mismo tono con el que pides una pizza por teléfono.- Saldré rápido por un cambio de ropa seca, no intentes bañarte sola, en un momento regreso y te ayudo, solo quiero que tu cuerpo recupere su calor.
En un movimiento poco coordinado y muy torpe de mi parte por intentar tapar mi desnudo cuerpo, dificulte mas de la cuenta la tarea de sentarme en la silla. Tan rápido me senté el salio por mi ropa, no se si el esta tan incomodo como yo en esta situación.¿Pensara en el día que pasamos juntos?. No lo creo, desde ese día las cosas han cambiado mucho.
No pasaron ni 3 minutos cuando el estaba de regreso con mi pijama y ropa interior, después de ponerla en la repisa de las toallas secas se acerco para ayudarme en la tan vergonzosa tarea de bañarme, se doblo las mangas de su camisa para no mojarlas mas de lo que ya estaban y sin preguntar tomo de entre todas las botellas de shampoo la de color rosa y olor a fresilla, eso me gusta, quiere decir que recuerda el olor de mi cabello. Pone una cantidad en su mano y comienza a lavar mi cabello sin decir nada. Yo tampoco se que decir, no estoy segura que exista un manual de reglas de etiqueta sobre los temas de conversación permitidos mientras un chico te lava el cabello. Estaba tan metida en mis pensamiento que no note cuando paro en seco de lavar mi cabello.
-Estefania.- Dijo con un tono de voz que pocas veces lo escuche usar.- Tu cabello ha comenzado a caer.
La noticia fue tan impactante que inmediatamente gire mi cuerpo utilizando toda la energía posible seguramente resultado de la adrenalina, y lo primero que vi fueron sus manos con jabón y mechones de mi cabello en ellas. No se que me dolió mas, la inevitable caída de mi cabello que sabíamos no tardaría en pasar o ver tanto dolor en sus ojos al estar en tal escena.